¿Cuáles son los límites del marketing?
¿Cuál son los límites del marketing en su papel de lograr victorias a través de sus acciones? Es complejo para los responsables de marketing definir un límite común de los efectos del esfuerzo de marketing en el target cuando el producto puede ser nocivo, pero tampoco es que sea muy fácil para aquellos que crean mercados dado lo innovador del producto o servicio. En campos como la política, distintos casos demuestran el poderoso efecto del marketing para ganar campañas sin importar las características del candidato para después salir afectada la imagen del marketing ante el ciudadano. En deportes como el futbol, siempre hay discusiones alzadas de tonos entre fanáticos porque se suele premiar al deportista de mejor marketing. Los casos son varios, y en la era de la interconectividad abundan, en la mayoría de ellos la imagen del marketing no sale bien librada.
Para algunos casos, el marketing se ha vuelto para los públicos como esa parte mala de las organizaciones que no se quiere realizar pero que se necesita hacer porque de lo contrario no se sobrevive. Los mercadólogos y demás profesionales que laboran en marketing son conscientes que un solo paso en falso puede destruir la marca y acabar con parte de la carrera profesional de quien orquestó ese paso en falso. No hay reglas o procedimientos que rijan la estrategia creativa en el marketing. Ella puede estar pensada para hacer el bien, pero las situaciones incontrolables del mercado puede que genere una reacción contraria a ese pensamiento. Ningún profesional que labora en marketing deseará destruir una marca, pero no todos pueden tener la habilidad de futurólogos para predecir los resultados de la estrategia, para acertar en lo políticamente correcto en marketing.
Una frase que nos puede generar dos imaginarios: que se está hablando de marketing político y sobre lo que se debe y no se debe hacer para no faltarle a los electores, o que se está hablando sobre la importancia que tiene que las marcas se relacionen con la política. Lo cierto es que los dos escenarios se pueden relacionar, pero no necesariamente encierran a completitud lo políticamente correcto en marketing.
Lo políticamente correcto en marketing se relaciona con la esencia de lo que permite construir esa cultura, buenas costumbres y concepto de ética: el lenguaje. El contexto social global cada vez ejerce una mayor presión sobre el uso correcto del lenguaje de tal manera que no se afecte a los grupos que sean diferentes. El lenguaje políticamente correcto es de inclusión de todos los diferentes, hecho que causa en ocasiones confusiones entre las personas cuando se expresan ante un público, y viene causando limitantes al marketing el cual usa las palabras como la base de todas sus acciones.
La realidad es que el marketing puede hoy cometer mayores salidas en falso que afecten significativamente la marca por un uso políticamente incorrecto de las palabras, que por otra acciones del esfuerzo de marketing, esto obliga a los mercadólogos y profesionales afines a ser conocedores expertos del acontecer en las condiciones de macro entorno social y legal de los mercados, no basta pretender hablarle correctamente a quienes pertenecen a tu nicho, cuando el juego de palabras puede atentar contra grupos de presión capaces de destruir tu marca; lastimosamente, el límite no lo coloca la organización que hace marketing, se escapa de los alcances de la empresa cuando en casos de lo políticamente correcto es la sociedad donde se comercializa la que pone las reglas.
En el siglo XX el nivel de importancia que las empresas dedicarían a usar las palabras correctas que incluían a toda la población quizá estaba más regido por las palabras afines a la mayoría, pero en el siglo XXI la situación es a otro precio. Los “Baby Boomers” y la “Generación X” criaron a las generaciones que hoy representan el mayor reto para quienes hacen marketing, y esa crianza incluyó en el paquete de información, una mayor simpatía hacia el respeto y la tolerancia del diferente. Lastimosamente para las empresas, es la sociedad misma la que le está poniendo los límites.









