ESTEREOTIPOS Y PREJUICIOS EN LA PUBLICIDAD
Por: Valentina Valencia colina
Por años, hemos culpado a la publicidad por persuadir a las masas de asumir comportamientos consumistas, de crear estereotipos y prejuicios como una cualidad propia en el momento de querer comunicar, pero rara vez nos detenemos a pensar; ¿cuál es el significado de los estereotipos y prejuicios, ¿cuáles son sus orígenes?
Este término aparece por primera vez en 1922 en el libro “La opinión pública”, su autor, el escritor y periodista Walter Lippmann lo utilizó para explicar cómo las personas al observar el mundo que nos rodea de por si un poco complejo y lleno de información “no vemos primero y definimos después” sino que aceptamos una imagen preestablecida y simplificada que la cultura hace por nosotros, entonces, lo que recibimos son estereotipos culturales es decir lo que la sociedad tiene como concepto definido y lo acepta aunque sea equívoco, un falso pensamiento que otras culturas tienen de una cultura específica.
Constantemente nos comparamos para evaluarnos con estereotipos que se aceptan por la mayoría, una comparación que nos puede llevar a la idealización de modelos que no son, digamos, representativos comúnmente en la sociedad. Nos centramos en estereotipos de belleza tan ridículamente inalcanzables y tratamos de definirlos como perfección humana absoluta, puede ser el caso exacto la publicidad gay, una lucha controversial.
El marketing y la publicidad nos han vendido la perfección durante décadas, haciéndonos creer que si consumimos tal producto nos convertiremos en superhéroes, que conseguiremos la belleza instantánea, que conquistaremos a muchos chicos o chicas, o que seremos unos ganadores si nuestro desodorante es de una marca en particular. Tal y como dice Martín Serrano, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, científico español que goza de reconocimiento internacional (1995), «uno de los esquemas que más se repiten en la televisión es el de las mujeres asociadas con el cuerpo, y los hombres con la cabeza».
Así se demuestra en programas televisivos que la mujer se presenta como un simple objeto de belleza. “Por desgracia y en un gran porcentaje de los casos, cuando la mujer aparece en imágenes, lo hace en muchas ocasiones representando a ciertos estereotipos que se han resistido al paso del tiempo y que siguen estando presentes en la mayoría de las culturas. Así, nos podemos encontrar con la mujer en el papel de seductora, aludiendo a conceptos relacionados con la belleza, el erotismo, y la provocación, o como serpiente tentadora. En definitiva, en el sujeto convertido en objeto”.
La publicidad lleva a tal punto los estereotipos que la gran pregunta que surge es: ¿se está haciendo algo para controlar esto? Según CONARP (Código de Autorregulación Publicitaria) Mantiene los principios generales como son la veracidad, la decencia y la honestidad; tomando como referencia el ARTÍCULO 10, ¨DECENCIA, menciona que los mensajes publicitarios deberán respetar la dignidad de las personas y en desarrollo de este principio, el mensaje publicitario no debe contener declaraciones o presentaciones visuales o de audio que ofendan, denigren o vulneren, entre otros, los derechos a la igualdad y a la no discriminación en razón de la raza, género, edad, religión, orientación sexual, nacionalidad, condición social, cultural o económica¨.
Es valedero pensar que a la mujer le ha sido difícil sobresalir y que, sin querer, nos dejamos llevar por lo que dicen los demás; pero la reflexión nos obliga a no hacer caso de campañas invasivas que limitan el concepto de belleza a curvas, rostros finos o como sea que lo defina cada cultura. Debemos empoderar nuestra valía, rompiendo con los esquemas impuestos, porque de una u otra forma no simplemente somos caras bonitas, somos mucho más.
En todo caso, la libertad de expresión que ampara a la creatividad publicitaria es un derecho fundamental que como en toda forma de comunicación, ha de ponderarse junto con otros derechos fundamentales, como es el derecho al honor, a la igualdad o a la dignidad de las personas, entre otros, dejando claro que los estereotipos y prejuicios no están conectados al objetivo de la marca, por el contrario busca que los clientes se sientan identificados.
Los creativos han de plantearse cuál de todos prevalece a la hora de elegir los valores éticos con los que van a intentar persuadir tan valioso segmento, para elegir un producto o servicio en concreto. Porque esa es precisamente su meta, la persuasión: cambiar actitudes o comportamientos hacia algún evento, idea, objeto o personas. En este caso, inducir al consumidor a consumir algo, no lo olvidemos, apelando a las emociones bajo la premisa del respeto… hay que ser más creativos, la sociedad lo exige.
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Me encanto el articulo, mi felicitaciones al autor <3